
[KAVE=Jae-hyuk Choi] Hay un hombre que solía ir a la comisaría borracho. Su nombre es Oh Dae-su (Choi Min-sik), no es un santo, pero tampoco un villano, es un padre común que vive "solo el día de hoy". Una noche lluviosa, justo antes del cumpleaños de su hija, desaparece repentinamente mientras hablaba por teléfono con un amigo. Como si hubiera sido secuestrado por extraterrestres, desaparece sin dejar rastro y despierta en una habitación muy pequeña. No hay ventanas, ni un rayo de luz natural, solo una televisión y unos dumplings de carne que le traen todos los días, y un extraño cuidador que es todo lo que tiene en este espacio de confinamiento.
Nadie le dice quién lo ha encerrado, ni cuánto tiempo tendrá que estar allí. Si fuera el protagonista de una novela de Kafka, habría reflexionado sobre la absurdidad de la burocracia, pero lo único que le queda a Oh Dae-su es la televisión que transmite noticias del mundo y una ira que se acumula sin cesar. El tiempo se marca con una línea roja en la pared, y él practica su escape golpeando el concreto, y en lugar de un saco de arena, golpea el aire para mantenerse en forma. Mientras imagina el día en que se abrirá la puerta y repite su venganza, su rostro se endurece gradualmente, no como el 'Conde de Montecristo', sino más bien como algo cercano a una bestia.
Así, un día, después de 15 años, es liberado de repente, como si fuera una broma caprichosa de alguien. No recibió un aviso de liberación, ni fue rescatado por la policía. Al despertar de la anestesia, se encuentra en una azotea alta, con un cigarrillo y un teléfono móvil en la mano, y ante él se despliega un paisaje urbano que ha cambiado sutilmente desde su confinamiento.
Oh Dae-su primero sigue las pistas de la habitación en la que estuvo encerrado. El proceso de averiguar qué le ha sucedido a su familia durante esos 15 años es más bien una escena de una película de terror. Su rostro se vuelve cada vez más áspero y desesperado, y el público se da cuenta de que esto no es simplemente un escape, sino un juego meticulosamente diseñado.
¿Mido, salvación o cebo?
La persona que conoce en el proceso es Mido (Kang Hye-jung). Esta joven chef de sushi, que encontró a Oh Dae-su desmayado después de dejar un mensaje en un foro de internet, lo cuida con una actitud extraña pero firme. Mido siente compasión, curiosidad y una atracción inexplicable hacia este hombre cuya vida ha sido robada, y poco a poco abre su corazón.
Ambos rastrean las pistas del lugar de confinamiento y utilizan el sabor de los dumplings como pista para acotar al culpable. Aunque parecen una pareja de amantes jugando a ser detectives, hay una extraña emoción que se superpone en esta relación. La inquietante compañía que no se puede describir con la palabra 'amor', que podría ser salvación o una trampa más, continúa.

Finalmente, aparece el responsable de encerrar a Oh Dae-su. Lee Woo-jin (Yoo Ji-tae), un hombre rico con un plan elaborado, le lanza una pregunta a Oh Dae-su, quien lo ha estado persiguiendo: “¿Por qué crees que te he encerrado?” En este momento, el perseguidor que vino a descubrir la verdad se convierte en un 'participante del juego'. Lee Woo-jin no oculta su identidad y abre su lujoso penthouse, sugiriendo que Oh Dae-su descubra por sí mismo la razón de su encierro de 15 años, como si fuera el presentador de un programa de concursos.
La ira de Oh Dae-su se intensifica, pero el público comienza a percibir otra emoción. Se dan cuenta de que esta historia no es simplemente la extraña venganza de un hombre, sino un retroceso a una tragedia que comenzó hace mucho tiempo, un viaje de destino hacia sus propios pecados, como el Edipo de la mitología griega.
El desarrollo posterior es literalmente una escalera en espiral que desciende a las profundidades. Oh Dae-su recuerda que las palabras y acciones que consideraba triviales en su juventud podrían haber torcido la vida de alguien. El proceso de abrir una a una las habitaciones de la memoria se asemeja a un drama de detectives de 'Sherlock Holmes', pero al mismo tiempo parece un camino de arrepentimiento al enfrentar sus propios pecados.
La escuela, viejos amigos, rumores antiguos, todo revive como piezas de un rompecabezas. Cuanto más se acerca a la verdad, más violenta se vuelve la violencia y más extremas las emociones. La película deja la revelación más crucial para que el público la descubra justo antes de abrir la última puerta. El final de 'Oldboy' es mortal como un golpe de boxeador, y la marca de la herida sigue doliendo días después.
‘Destrucción visual’ y ‘historia impactante’ cuestionan tu vida
La verdadera fuerza de 'Oldboy' radica en que no consume esta cruel narrativa simplemente como un estimulante drama de venganza, sino que profundiza en la debilidad humana que no puede soportar la memoria, la culpa y la mirada de los demás. El director Park Chan-wook toma la estructura de la historia de un manga japonés, pero la forma en que le da vida cinematográfica es de una dimensión completamente diferente.
Una de las escenas más representativas es la famosa acción de larga toma en el pasillo. La pelea de Oh Dae-su, enfrentándose a decenas de personas con un martillo, es de un nivel completamente diferente a la espectacular habilidad de armas de 'Matrix' o la danza de espadas de 'Kill Bill'. Se centra en su cuerpo tambaleante, su respiración entrecortada y el peso de los golpes. Su figura empujando hacia adelante, un paso a la vez, lleva consigo el tiempo que ha soportado golpeando la pared durante 15 años. Esta escena ha sido homenajeada por numerosas obras desde la serie 'Daredevil' hasta 'Kingsman', pero aún es difícil superar el peso del original. Al igual que las bandas que versionan canciones de los Beatles, pueden imitar la forma, pero no pueden replicar la urgencia que contiene.

El color, la música y el diseño de los sets también son pilares gigantes que sostienen la calidad de la obra. La pantalla, que mezcla un oscuro púrpura y rojo, visualiza los deseos y pecados de los personajes, y el penthouse de Lee Woo-jin revela su distorsionada sensación de poder con un frío minimalismo. Las actuaciones de Choi Min-sik, Yoo Ji-tae y Kang Hye-jung son el mecanismo clave que trae este extraño mundo a la realidad.
En particular, la interpretación de Choi Min-sik como Oh Dae-su abarca un espectro emocional extremadamente amplio, desde su torpeza borracha al principio hasta su grito desesperado al final, como si rasgara todas las notas de un violín. Solo con un primer plano de su rostro, el público siente que ya ha escuchado la mitad de los diálogos. Por el contrario, Lee Woo-jin, interpretado por Yoo Ji-tae, muestra un vacío desesperado con un tono calmado y expresiones contenidas. Esta tensión entre lo caliente y lo frío mantiene la tensión de la película hasta el final.
‘Miedo universal y dilemas éticos’ amados por el público
La razón del amor del público es sorprendentemente simple. 'Oldboy' plantea una pregunta que todos hemos hecho al menos una vez, incluso en un entorno extremadamente distorsionado. “¿Qué pasaría si una palabra que lancé sin pensar se convirtiera en una cicatriz imborrable para alguien?” Para nosotros, que vivimos en la era de las redes sociales, esta pregunta es aún más aguda. ¿Quién puede saber cómo una publicación que subí como una broma en la escuela o una palabra lanzada en una fiesta podría haber cambiado la vida de alguien?

Además, surge la pregunta: “¿Hasta dónde se puede entender la venganza como una emoción humana?” La película no se inclina fácilmente hacia ningún lado. En cambio, permite que cada espectador saque sus propias conclusiones basadas en su experiencia y ética. Por eso, esta obra ha generado diversas interpretaciones que trascienden generaciones y nacionalidades. Algunos la llaman “el mejor drama de venganza”, mientras que otros dicen que es “el pináculo de la tragedia del cine coreano”. Quentin Tarantino la elogió, ganó el premio del jurado en el Festival de Cannes, y Spike Lee intentó hacer un remake, pero se sintió abrumado por el peso del original. En cualquier caso, la evaluación de que es una película que no se olvida fácilmente después de verla una vez es unánime.
‘El mejor drama de venganza del mundo’ que no existe en ninguna parte
El público al que me gustaría recomendar 'Oldboy' es sorprendentemente amplio. Primero, aquellos que aman el cine de género pero están cansados de las narrativas de héroes predecibles al estilo de 'Iron Man' experimentarán una catarsis muy extraña en esta película. No importa si Oh Dae-su gana o pierde. El proceso de observar cuán desgarrador y hermoso puede ser el rostro humano que aguanta hasta el final es una experiencia similar a ver una pelea de boxeo desde la primera fila.
Para los espectadores que valoran la calidad visual y de dirección, 'Oldboy' es una obra que no se puede perder. Cada escena, cada toma, incluso la mirada de los actores, está diseñada intencionadamente, y cuanto más se ve, más significados nuevos aparecen. Al igual que 'Vértigo' de Hitchcock o 'Rashomon' de Kurosawa, esta película revela diferentes capas cada vez que se ve.

Sin embargo, no lo recomendaría a quienes esperan un entretenimiento ligero. Las preguntas que plantea la película no son en absoluto ligeras, y pueden dejar una sensación incómoda incluso después de que los créditos finales hayan pasado. No es una película para disfrutar mientras se come palomitas, como 'Los Vengadores', sino más bien un plato formal que debe ser digerido en silencio.
Si estás dispuesto a soportar esa pesada impresión, 'Oldboy' será una de las experiencias más intensas de tu vida cinematográfica. Para aquellos que buscan una obra que actúe como un espejo cruel que les haga reflexionar, o que quieran ver hasta dónde puede llegar el cine coreano, esta película sigue siendo, y seguirá siendo, una opción válida. Han pasado más de 20 años desde su estreno en 2003, pero las preguntas que plantea 'Oldboy' siguen siendo actuales. Quizás, cuanto más compleja se vuelva la sociedad en la que vivimos, más tiempo sobrevivirá esta película.

